jueves, 10 de febrero de 2011

El invierno



Lecturas dispersas, como casi siempre. Un relato excelente, desde la Ruta de la Seda. En él, el autor encuentra constantemente, entre la desolación, excavaciones arqueológicas, templos casi ignorados en la maleza. Una conversación le recuerda las legiones perdidas de Craso, en unos pueblos del Nepal.  En otra, entre las arenas del desierto, las momias de un pueblo eslavo, olvidado, que habitara allí en tiempos helenísticos. En una pared, la estatua de Maitreya. En otra, un templo nestoriano, en las fronteras de China. Una puerta conducía al desierto. Dentro, estaba el Imperio. Fuera, las sombras, las voces de la noche, los sonidos bárbaros, el desierto. No había retorno para quien salía por ella y los muros de la  misma están llenos de despedidas.

Relectura del Hugh Thomas de la guerra civil. Lectura dispersa de los Heterodoxos de Menéndez Pelayo.  La antología de Castellet, de posguerra - en un poema de Valente, escrito en Francia, la definición, la sensación perfecta de aquellos años, el peso de la historia, el deseo de respirar. Más allá de un tiempo que les consume.

Unos poemas de Gil de Biedma. Una historia del catarismo. Releo, de nuevo, el excelente "Otoño en Madrid" de Juan Benet... Abril, el mes más cruel, su melancolía luminosa, airada, sin asideros.

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