sábado, 28 de enero de 2012

Fotografías cotidianas


" Benditos todos los que esperan , son 36 ".
   -   Abbahu


En 1994 un proyecto de la Fundación Shalom promovió la formación de un archivo de fotografías de los judíos polacos anterior al Holocausto, a 1939. La iniciativa al principio suscitó un cierto escepticismo. Fotografías particulares, imágenes familiares, álbumes personales eran restos inexistentes o desaparecidos ya en la mayoría de los casos.

Poco a poco, sin embargo, la iniciativa comenzó a tener respuesta. Auspiciado el proyecto por el Instituto Adam Mickiewicz, en Polonia , se comenzaron a recibir imágenes de los lugares más dispersos : Israel o Bulgaria . Pero también California, Venezuela, Brasil, Italia o  Argentina... La propias imágenes , en su materialidad, ya eran un relato de la catástrofe. Fotografías arrancadas de albumes viejos, rotos ; otras escondidas en el marco de un cuadro; otras en medallones que acompañaron , milagrosamente, a algún superviviente. En las páginas de un libro. En sótanos o desvanes de casas que ya no se mantenían...

Pero fueron llegando. Con este material se organizó la primera exposición en la Galería Zacheeta, de Varsovia, en 1996. Después, en ciudades diversas de Europa o América - o Israel . Actualmente, bajo el título de  " Sigo viendo sus rostros " en el Instituto Sefarad , el palacio de la Calle Mayor en Madrid.

Imágenes planas, sin más. Las fotografías que se exhiben - en reproducción ampliada - pertenecen al territorio de lo no-artístico. Fotografías familiares, costumbristas, de granjas, calles o de familias en el estudio del fotógrafo .  De parientes o rabinos del lugar paseando. De partidas de ajedrez o meriendas en el jardín. De vagabundos o vendedores ambulantes. De cocheros u oficiales. De rentistas y mendigos. De músicos y de ropavejeros. Del colegio , de la plaza y del mercado...

El tiempo de las imágenes es , en su mayor parte, el tiempo de la suspensión. No el del acontecimiento. Nada ocurre en ellas que no sea el tiempo extenso, detenido en el momento de la instantánea. Otras , son una figura , un rostro de frente a la cámara, que así detiene , un instante, la disolución - junto al nombre que las acompaña. Muchas , son anónimas . No conocemos ya el nombre de los personajes, de los judíos occidentales allí retratados. Nadie sabe decir ya nada de ellos.

En otras, las últimas, el tiempo se precipita. Los habitantes del ghetto de Varsovia son detenidos por las calles ; los de Cracovia, en fila , comienzan el viaje de la deportación. El movimiento en ellas, la quiebra de lo permanente es, esta vez, nítido , el camino de la desaparición, de forma trágica... Otra, la más estremecedora quizá, muestra de nuevo un momento de la suspensión : son los deportados al campo de Treblinka, que, en una explanada frente a una estación, esperan a un tren que se demoró tres días en llegar. Mientras, se recuestan en el jardín, pasean por la plaza abierta, miran de lejos a la cámara .

Junto a la fotografía, el nombre exhibía también su deseo de permanencia. Un instante, una marca, en la inevitable disolución. Un tiempo suspendido en las fotografías, en los rótulos al pie de las mismas .  Pero que anuncia , irremisiblemente, su disolución, el trágico final de un mundo antiguo.

Imágenes cotidianas, de la permanencia de las cosas . Pero, acaso no es cada fotografía, cada imagen, una marca de lo póstumo, el signo de la pérdida.









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