domingo, 4 de enero de 2015

Hiroshi Hamaya. El país de nieve.




Viento invernal
un sacerdote shinto
vaga por el bosque

          Issa


La isla de Honshu, la más extensa de las islas de Nippon, es , como se sabe, la más cercana al continente asiático. Situada frente a la península de Corea, las provincias del noreste reciben durante todo el invierno la corriente fría que baja desde Siberia. Encerrada la región entre la costa y los llamados Alpes del Japón - entre los que se encuentra el monte Fuji - es un país inundado por largos meses de nieve, que cubre su territorio prácticamente hasta la llegada de la primavera y con ella la templada influencia del monzón del sur.

En 1939 el fotógrafo Hiroshi Hamaya había recibido por parte de la revista Graphic el encargo de elaborar un reportaje sobre los ejercicios invernales del ejército en Takada, un apartado paraje en la prefectura de Niigata . Pudo realizar algunas imágenes de las jornadas de la Unidad del Regimiento de Esquiadores de Takada, fundamentalmente las agotadoras marchas de los soldados sobre la nieve.  El trabajo fue cancelado al poco - se aproximaba la guerra - pero en el lugar Hamaya comenzó a realizar las fotografías de la región invernal que, casi veinte años después, se convertirían en el libro "Yukiguni". Village in the Snow, como sería rebautizado en la edición inglesa.



El trabajo sobre Takada, de pronto, el escenario y los personajes, habían supuesto un notable cambio en la obra de Hamaya, quien hasta el momento había realizado una fotografía de ambiente urbano, centrada sobre todo en la ciudad de Tokyo - de donde era nativo - y sus personajes, y había sido influenciada, al igual que sus compañeros de la nueva generación de fotógrafos japoneses, por las noticias que del surrealismo, la Nueva Objetividad o la Bauhaus habían llegado al país.




El barrio de Ginza en la capital, donde las mujeres aún paseaban con impagables kimonos, o el Ballroom Florida de Asakusa, con sus personajes a la moda europea, eran alguno de los lugares que Hamaya había reflejado en ese momento. En él, la ciudad es un escenario agitado, populoso y en movimiento, y la nueva fotografía japonesa recogía su estética urbana - después de la "Artistic Photography" inspirada en el artista y teórico Shinzo Fukuhara.

De los comienzos de Hiroshi Hamaya se nos cuenta que " utilizó su Leica para fotografiar las escenas de los suburbios en Ginza y Asakusa, pero comenzó como fotógrafo profesional trabajando para la prensa en 1936, a la edad de  21 años".




Los primeros clubes de fotografía había surgido en Japón en las postrimerías del periodo Meiji , a finales del siglo XIX , " y durante la época Taisho". Una historia de la fotografía nipona nos habla de las distintas influencias en la misma - que se corresponden, con algunas diferencias cronológicas, a las de las etapas de la fotografía europea. Así la del "pictorialismo" en la década de los 10 - 20. La de la Nueva Objetividad ( Shin jitsuzai) en los 20. O la de la Nueva Fotografía Alemana a partir de 1931.

Hiroshi Hamaya ( 1915-1999) pertenece a la generación que en torno a 1935 había inaugurado el foto-reportaje en la prensa nipona. " Verdaderos reporteros como Ken Domon, Hiroshi Hamaya y, por supuesto, Kimura". Hamaya reconoce en una entrevista tardía que él "siempre había trabajado por encargo". El viaje al pueblo de Takada había sido realizado en medio de la propaganda belicista que el Imperio elaboraba, ante la inmediatez de la próxima guerra. El trabajo para la revista Graphic finaliza enseguida y, en su lugar, el fotógrafo se encuentra con un escenario que antes desconocía. Había llegado al País de Nieve - y en concreto a las ceremonias del Año Nuevo, que se realizan, de acuerdo al antiguo calendario lunar " durante los primeros quince días de enero".




Vagaría por la region, entre viaje y viaje, durante los siguientes quince años.

Años después Hamaya recordaría en una entrevista aquel primer viaje:

" Desde la ciudad de Tokio se puede viajar a Ura Nihon ( la región de Honshu ) en tren nocturno. Tan pronto como amanece la maravilla del siglo XX cambia con la maravilla del siglo XVIII.

Se asombrará de que un pueblo que ya existía hace doscientos años siga vivo. Si se dejan las vías del tren un poquito, podrá ver la vida de la edad media. Y si se camina más allá, es posible ver un estilo de vida que podríamos describir como primario. La diferencia de climas es una diferencia de eras".

Al año siguiente, se nos cuenta en una biografía, asistió al ritual del Año Nuevo en Tanihama , "una aldea del valle de Kuwatori". En él se celebraba la procesión del torigo e, ritual del que se desconocía el origen preciso. Repetiría el viaje en años sucesivos.

A la distancia de un viaje en tren Hamaya había conocido - y había sido seducido - por un viaje en el tiempo. En algún lugar se apunta que " Hamaya quedó tan impresionado por este nuevo sentido del espíritu japonés que durante una de sus visitas al País de la Nieve quemó los negativos de sus fotografías de Tokyo, recuerdos de su  frívola y débil vida fotográfica, en las llamas de la celebración del Nuevo Año". Afortunadamente, nos recuerda otra noticia, se conservaron bastantes obras de su anterior época "urbana".

Hamaya - contaría años después en el prólogo a su Yukiguni - había asistido en el lugar a una suerte de revelación de un tiempo diferente a la de la ciudad. Y con él, a la "espiritualidad" del mismo.

" En esta aldea invernal de veinticinco tejados entre los valles de Echigo uno ve la forma clásica de un maravilloso modo de vida, y puede hacerse una idea de la riqueza y profundidad de la vida espiritual que ha transcurrido a través de una larga historia. La cosecha de arroz no es sólo un intercambio de energía a través de un trabajo físico. Una profunda confluencia con los dioses era requerida en los corazones de los campesinos que crearon una tierra dorada desde el empobrecido archipiélago japonés".



En esos años - en 1939 en concreto - debió de conocer al etnólogo local Shinji Ichikawa, con quien entabló una intensa amistad. Éste, a su vez, le presentó al conocido antropólogo y mecenas Keizo Shibusawa, fundador del Attic Museum de Tokyo, quien durante años apoyaría y financió sus trabajos en la prefectura de Niigata. El primero le animaría a recoger las costumbres tradicionales que aún se mantenían en la región, especialmente las que se celebraban en torno al Año Nuevo. En la posguerra había resurgido un especial interés, nacionalista, por el Yamato - damashi, el "espíritu japonés".

Recogidas las imágenes de la remota  prefectura en esos años, en 1957 se editaría finalmente el libro, Yukiguni. País de nieve.

La edición contaba, además de con las fotografías de la región, con textos del mecenas y folklorista Shibusawa y del propio autor.




Las imágenes de la prefectura de Niigata recogían un universo local que, tras la derrota del Japón en la segunda guerra, varios autores habían querido recobrar - y también, seguramente, describir ante la certeza de su próxima desaparición. "Un mundo que ya se ha perdido para siempre vive aún en estas fotografías", comentaría años más tarde el crítico Ian Buruma del libro.

Imágenes de la distancia, las fotografías de Hamaya nombran un universo inmóvil y ausente. No hay voces en él. No hay referencias a otro lugar. No hay llamadas de ninguna otra parte. No hay otra parte.

Hamaya había fotografiado un tiempo de la espera y lo ensimismado. Nada se distrae. Nadie llega. Ningún acontecimiento puede tener lugar.

Excepto la repetición del ritual, del largo invierno, de un blanco vacío, inmaculado.





Este sentido de lo distante no era ajeno, por otro lado a la obra de Hamaya. En 1957 también había publicado su obra  Henkyo no machi Urumchi  ( "Urumchi, a frontier Town")  . Recogía el trabajo de los años de la guerra en la distante provincia de Xingjian, en el antiguo Turquestán chino, y había sido inspirado "en la extrema desolación de la ciudad".


Otras publicaciones de la época serían su Ura Nihon ( Japan´s Back Coast en la edición inglesa) en 1957. O Landscape of Japan  en 1964. En Ikari to Kanashimi no Kiroku ( A record of Rage and Grief  ) de 1960 ilustraba las protestas populares de los años 60 contra el tratado de seguridad de la posguerra. En 1969 Hamaya fue nombrado corresponsal de la Agencia Magnum. Era el primer fotógrafo asiático en serlo.

Hiroshi había viajado durante dos años - del 1940 al 42 - por la región, hasta que se produjo la ocupación japonesa. Ésta era una "provincia ( ahora Región Autónoma Uigur de Xingjian) en el lejano noroeste de China, con su severo y árido clima, en donde los habitantes uigures habían sobrevivido de algún modo", como describió años después un crítico su trabajo en esa época.




Su obra posterior recogía desde las manifestaciones antiamericanas de Tokyo en la década de los 60 a los paisajes del Himalaya desde los aires, fotografías de los mares del sur, o una serie de imágenes de los EE.UU. en los años 70. Desde 1954 por otra parte había comenzado a viajar por las provincias del Mar del Japón, recogiendo una serie de escenarios aún naturales. O la pervivencia de unas aldeas tradicionales que él definiría como aún alejadas de cualquier escenario urbano. En las fotografías sobre la costa evitaba cualquier presencia humana, en la medida que ello era posible todavía.

" Las cosas antiguas  eran destruidas en aras del progreso social. (…) En aquel tiempo yo impulsaba mi trabajo en la intensa propensión de la fotografía hacia el recuerdo" , comentaría en 1971 acerca de su trabajo en estos años. Las imágenes de la costa japonesa formarían el libro Ura Nihon - Back Japan en la edición inglesa - que publica en 1957.

Pertenecía a una generación en la que todavía la fotografía se relacionaba con el referente - con el momento, con las cosas, con el mundo - distante aún del momento en que la imagen se consideraría un objeto artístico más, y con ello perdería todo su sentido:  metalingüística, autorreferente, insensata.

 En la obra de Hamaya - de los fotógrafos de Magnum - el concepto de "obra de arte" aún no había hecho su aparición. Como una noción autosuficiente y carente de toda significación - que no fuera su propio autocuestionamiento.

En una entrevista con el fotógrafo y crítico Frank Horvat - a quien, invitado en la casa del primero en Tokyo, no dejó de insistirle en que tomaran sake y se dejaran de entrevistas - comentaría:

" Por supuesto, la fotografía es menos creativa que la pintura: algunas veces me digo a mí mismo que yo no soy una persona muy creativa, que no hay nada que pueda llamar exactamente mi propia creación, excepto quizá esta casa, que diseñé yo mismo, y quizá estos libros que he publicado (...) al mismo tiempo sé que la fotografía es más una cuestión de encontrar que de crear."

Para culminar en algún momento:

"Nunca he considerado la fotografía como un arte".

Alguna de las fotografías de Hamaya son ciertamente alguna de las mejores imágenes del siglo que terminaba.




En 1941 el cineasta Akira Kurosawa había presentado un guión a un concurso en  Tokyo, que nunca sería realizado. El guión se titulaba sencillamente " Nieve" y el argumento al parecer trataba de presentar a ésta, la nieve, como protagonista. Recogía las costumbres, y el habla, de los habitantes del noreste de Honshu, incluido su dialecto, el tohoku. Años más tarde, el novelista escribiría el prólogo para el Ura Nihon de Hamaya, publicado en 1957.

La primera novela del escritor - más tarde Premio Nobel - Yasunari Kabawata, editada en 1947, se titulaba también Yukiguni " país de nieve". En ella el protagonista viaja, en una suerte de fuga melancólica e intemporal, a la ciudad de Yuzawa. En la prefectura de Niigata, así mismo.

En otra obra, la breve escena teatral "las muchachas del bote"- que sería recogida en la serie de relatos Primera nieve en el Monte Fuji - Kawabata hace vagar a sus personajes por las guerras civiles del siglo XII , el enfrentamiento entre los clanes Heike y  Genji que dieron lugar a la memorable - e interminable - novela épica del Genji Monogatari .

En Primera nieve... los personajes, sujetos a su condición de samurais y servidores de los clanes, y a lealtades y desgracias inevitables, vagan por diversos lugares y suertes. Hasta que en un encuentro final el samurai Kagekiyo y su hija, la bailarina Murasaki, se reencuentren en una escena que de algún modo se sitúa ya al margen del tiempo - de las tragedias anteriores -  y abre una suerte de redención, al margen de ellas. Y de la pesadumbre de los días.

En la escena, Kawabata apunta:

" aunque quieran llamarse por el nombre, continuan la danza sin decirse nada. Cae una nieve densa que no permite ver la silueta de ninguno de los dos."

Y, antes de descender el telón, anuncia que:

"Murasaki continúa danzando, aunque parece agotada. De repente queda inmóvil en medio de la densa nieve que cae. "





Hiroshi Hamaya:

- Por favor, tomemos más sake. Es un sake muy especial. Viene del distrito del Pueblo en la Nieve - que era también el pueblo nativo de mi mujer.


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