lunes, 21 de mayo de 2012

Los lugares del relato



" 30 de septiembre

 Se ha iniciado una  perceptible salida de gente de la capital. Se nota, sobre todo por lo que toca a los extranjeros. En el Florida ya estamos más holgados (...)

- ¿No ha visto a fulano?
-  Pero si  se fue hace tres días.
- ¿ A dónde?
- Adonde va la gente. A Valencia, a Barcelona, a Toulouse, a París, a Londres, a Tumbuctu, a Estocolmo, a Salónica, a Tientsin... A sitios  donde se puede ir "

              -  M. Koltsov         Diario  de la guerra de España





El relato podría comenzar en cualquiera de los lugares de una Europa en llamas.

Sus orígenes son múltiples. La desdicha es única.

Al hotel de Paris de la rue Chateaurond - sede del Partido Comunista Francés - acuden, de manera semi-clandestina, los que , habiendo alcanzado por fin la estación de la Gare du Nord, son recogidos por taxistas , militantes del partido, que les encaminan al centro de reclutamiento que desde septiembre de 1936 ha instalado el PCF como sede de las Brigadas Internacionales. Allí , bajo la supervisión callada de la Comintern, serán enviados a España, en guerra desde el mes de julio. Otros lugares son la rue Chabrol, un local en la rue La Fayette y sobre todo el oscuro hotel en el número 8 de la Avenida Mathurin-Moreau, sede de los sindicatos y del Comité de Ayuda a la España republicana.

Diversos testimonios nos hablan del hotel, la calle discreta . Imaginar entonces el lugar : un chalet sin señas, la verja de hierro, la puerta que se abre a los recien llegados, el silencio después de una avenida tranquila - y el lluvioso otoño de 1936, según relatan otros.

El origen del viaje. Un novelista prolijo tendría que hablar de ello.

Los que acuden a la Gare du Nord vienen de Polonia, Hungría, los Balcanes, la Rusia blanca... Los rumanos huyen de un país donde la Guardia de Hierro ha instalado sus cuarteles. En Hungría el almirante Horthy dirige el nuevo régimen; desde Berlin acuden los supervivientes, perplejos, de la Alemania nacional- socialista. Checos de la región de los Sudetes, judíos de Galitzia, antiguos rutenos... Hay incluso rusos blancos, que esperan que la inscripción en las Brigadas Internacionales les permita volver a su país, ahora república soviética, bajo el mandato de Stalin. Judíos de Ucrania e incluso alguno, que acude del nuevo Eretz Israel, en Oriente, en un periplo que normalmente incluye al puerto de Marsella como destino de entrada en Europa de nuevo.

La relación de los brigadistas incluye incluso - en el Batallón Mickienickz Palafox - " a unas decenas de supervivientes ucranianos del ejército anarquista de Néstor Majno "... Cómo llegaron hasta allí; qué hacían ahora luchando en La Mancha bajo las ordenes de sus enemigos mortales, los dirigentes André Marty, Luigi Longo, el general Walter, miembros todos de la Comintern, sus oponentes letales... Con el tiempo varios de ellos, solicitan la entrada en la Brigada Garibaldi, aún dirigida por los anarquistas. Otros, desaparecen, sin más referencias.

Noticias del origen... En "Una tumba para Boris Davidovich" Danilo Kis nos describe el escenario de un húngaro alemán, Karl Taube, aspirante a activista del Comintern. En el libro, sus personajes, desdichados, sufrirán todos la trágica suerte del Terror Rojo - en una espiral que lleva, fatalmente, del discurso de la Revolución a las celdas de la NKVD, al silencio, a la desaparición. Varios de ellos  figuran en las Brigadas. Otros,en las espirales de la conspiración, en general.

Karl Taube " nació en 1899 en Esztergom, en Hungría " . Más adelante Kis nos describe " (...) la grisácea monotonía de una pequeña ciudad centroeuropea de principios de siglo se perfila claramente desde la oscuridad de los tiempos: sus casas grises de una planta con los patios a los que el sol, en su lento recorrido, delimita con una clara línea divisoria en cuadrados de una luz cegadora y en unas sombras húmedas, rancias, parecidas a las tinieblas: arboledas de acacias que en primavera exhalan un olor pesado, a pesado jarabe para la tos y  a caramelos para el dolor pectoral, a enfermedades infantiles; el frío esplendor barroco de la farmacia con el brillo de sus recipientes blancos de porcelana de aires góticos; el lúgubre gimnasium con el patio enlosado (los desconchados bancos pintados de verde, los columpios rotos que parecen horcas y las letrinas de madera con una mano de cal ), el edificio del Ayuntamiento pintado de un amarillo isabelino, el color de las hojas marchitas y de las rosas otoñales de las romanzas que, por las tardes toca la orquesta zíngara en el jardín del Grand Hotel ".

 Lugares de la fatalidad. En otro relato, "El tiro de gracia" de Marguerite Yourcenar el escenario es la frontera polaca con la Rusia blanca donde tiene lugar uno de los últimos episodios de la guerra civil rusa, esta vez con la intervención de la Polonia de Pilsudski. Bosques cenagosos, pantanos invernales, aldeas en llamas - y un telón de fondo de casas señoriales cuyo mejor momento ha tenido lugar en otro tiempo.

Es un escenario de lo que se disgrega, - tal vez para siempre - de la devastación. Independientemente de la lucha que está teniendo lugar  - la defensa del antiguo régimen por parte de los rusos blancos, la delimitación de las fronteras de Polonia por las tropas de Pilsudski, la expansión del orden soviético en los bolcheviques . En un determinado momento del relato éste pierde sus razones, sus referencias históricas, por decirlo de algún modo, y olvidamos - como semejan olvidar sus personajes - los motivos de la guerra. La lucha es ciega , sórdida y permanente y a su paso nada se sostiene. Sino la persistencia de la guerra y el exilio, y la devastación de los lugares, constante.

Al final del relato - y de la guerra civil rusa - sus personajes, los que han sobrevivido, se pierden en Europa. Volveremos a encontrar a alguno, años más tarde, en el Marruecos francés, en la guerra de España después.

Es también, habíamos apuntado, un relato de estaciones ferroviarias. La Gare du Nord, primero. De la Gare d´Austerlitz, los brigadistas parten en tren hacia Perpignan. ( En algunos lugares se cita al llamado "ferrocaril secreto" de Tito, que desde los Balcanes se dirige, esquivo y clandestino, a Paris, a los centros de la III Internacional ).

La estación de Toulouse después; Barcelona, Valencia, Albacete más tarde.

También hay caminos, también pasos de montaña. De Perpignan a Port Bou o La Perthus los brigadistas se encaminan a pie, cruzan clandestinamente los Pirineos en otras ocasiones. En los pasos tropiezan en algún momento con los milicianos anarquistas. "Necesitamos armas, no hombres" , les dicen estos, y alguna vez no les dejan pasar. Oscuramente intuyen que es la Comintern quien se halla detrás de aquella peregrinación - enemiga tradicional de los libertarios.

En el relato también hay castillos, mansiones abandonadas por sus antiguos propietarios, que han sido fusilados o han huido. Cerca de la frontera los peregrinos se agrupan en el castillo de Figueras.
La Revolución ha extrañado los lugares, los transforma.

" Al entrar en España los voluntarios dormíamos en un antiguo monasterio sobre paja", cuenta uno de ellos. En Figueras el antiguo castillo de San Fernando recibe a los que llegan. Acogerá, dos años más tarde, la última sesión de las Cortes repúblicanas antes de partir al exilio. A su marcha, las autoridades republicanas ordenarán volar el edificio.

Los lugares persisten, pero ahora es la extrañeza quien los acoge. Marguerite Yourcenar había aludido a ello al nombrar, en la guerra polaco-soviética del año 20, las mansiones señoriales, las dachas bielorrusas en el frente ocupadas por las tropas regulares, los milicianos, los refugiados de la guerra. Sus antiguos dueños han muerto o las han abandonado. Unos criados perplejos vagan ahora entre las ruinas, intentan reconstruir a veces, torpemente,  los rituales de una casa cuyos habitantes han partido .

En el viaje hacia Albacete los brigadistas son recibidos en la Plaza de Toros. Un antiguo cuartel de la Guardia Civil los aloja después. Algunos protestan: el cuartel está cochambroso, es inhóspito, y en los muros, en los suelos, aún permanecen los restos de sangre de los fusilamientos que han tenido lugar anteriormente. Entonces se dispersan por la ciudad: por el Edificio de la Feria, por la parroquia de la Purísima, en el Gran Hotel, en el altozano, en los hoteles del Ensanche...

Algunos nombran la extrañeza. " Mis peores recuerdos datan de Albacete. Imaginaos una ciudad sin carácter, en una gran llanura desnuda, invadida por una multitud de 10.000 milicianos. Seis meses de revolución han sembrado por todas partes la ruina y el desorden", contará el belga Gillain en sus memorias. Otros, en cambio, hablarán con admiración del paseo vespertino por la ciudad, de los burdeles de la provincia. La "Cafetería Internacional" , según recordará alguno, ofrecía una cerveza fresca, y unas meriendas excelentes.


Son ahora lugares extrañados. En la Gran Vía de Madrid, el Hotel Plaza ofrece alojamiento gratis a los que quieran instalarse . Es un establecimiento lujoso, y moderno. Pero está muy cerca del frente, aducen, y los corresponsales extranjeros, los agentes que acceden al Madrid de la guerra prefieren instalarse en otros. Se alojará en él el periodista ruso Kolstov, enviado personal de Stalin, que desde allí realiza una precisa descripción de las noches de la ciudad sitiada, de las terrazas y los bares - y las bombas que caen a intervalos  en la Gran Vía, frente al edificio de la Telefónica. Los camareros del Plaza, según nos cuenta, conservaban sus antiguas maneras, trataban con una exquisita cortesía a los escasos clientes de un establecimiento casi vacío, desierto a partir del mediodía.


Otros hoteles han sido ocupados. Por los agentes del Gobierno, por los comunistas otras veces. El Hotel Colón, de la barcelonesa Plaza de Cataluña, es ahora la sede del PSUC. El Hotel Metropol, en Valencia, el Gran Hotel de Albacete, el Palace madrileño... Aquí se instalan diversas comisiones republicanas y un hospital de heridos del frente. Los soviéticos prefieren el Hotel Gaylord, en las calles aledañas al Parque del Retiro madrileño, centro del espionaje ruso en la capital. Por la tarde, todos los corresponsales extranjeros acuden a él. También es el preferido de Ernest Hemingway, que comentará que allí se sirve " una cerveza excelente". ( El cronista Mattheus se referirá en cambio al Florida, en la Plaza del Callao, como " el lugar donde había que estar ". Allí se alojan Hemingway y Martha Gellhorn una temporada, según las crónicas. Según otras, allí tiene lugar el primer distanciamiento entre aquél y John Dos Passos a propósito del "caso Robles", traductor del último, y hecho desaparecer por los agentes de Orlov ).

Otros lugares conocerán otras suertes de extrañamiento. El palacio de los marqueses de Heredia-Spinola, asesinados en los primeros meses de la guerra, es ahora la sede de la teatral corte de los Alberti, que celebran en el mismo sus mascaradas lírico-milicianas. Miguel Hernández, que sí regresa del frente, escribirá en una pizarra " Aquí hay mucha puta y mucho hijo de puta". No se lo perdonarán.

En otros palacios, en varios conventos, el extrañamiento es menos lírico. El palacio de los condes de Casa Valencia es ahora la Checa de Riscal, de infausta memoria. El convento de las religiosas de Concepción Jerónima, la checa de Lista. El antiguo Cinema Europa la checa de los libertarios de Tetuán...

En Albacete el relato habla de pueblos manchegos, de tiempos de espera. Alojados en Tarazona, La Roda, Villanueva de la Jara o Madrigueras, los brigadistas aluden al tedio, la pobreza de La Mancha a la espera de acudir al frente. Algunos escaparán hacia Madrid, otros desertan. A pesar de su condición de voluntarios, la mayoría se encuentra con la sorpresa de la imposibilidad del regreso . Pronto, comienzan los primeros fusilamientos. ( " Las ejecuciones ordenadas por mí no sobrepasaron las quinientas", explicará con el tiempo André Marty, el comunista responsable político de los voluntarios. Y añade " todas efectuadas contra auténticos criminales enmascarados de defensores de la libertad").

La extrañeza. Alguno alude a las viñas manchegas, escasas, raquíticas para su mirada centroeuropea.
" Las vides , que no eran como en Austria de plantas trepadoras, sino pequeñas cepas que cubrían la tierra " , comentará el brigadista Hans Landauer, austríaco. Para aludir más tarde a " el calor que hacía en el verano del 37 en España ". Otros nombran el encalado de las casas. Alguno,  la sequedad de los campos, al horizonte de barbechos y centenos. Todos al olor a aceite, al sabor de la oliva...

La extrañeza de La Mancha, la aridez. " A medida que (la columna) se alejaba de Valencia el paisaje era más monótono (...) las colinas que sobresalían de los paisajes estaban desnudas como los montes de Aragón. Los campos, cosechados por completo, brillaban solitarios y áridos. El tren se acercaba ciertamente a Albacete", recordará, años después, el checo Hans Hutter.

El centro de las Brigadas es ahora la finca de Los Llanos, cercana a la ciudad. Allí, alguno hablará de la consunción de la espera. "El dormido Albacete", en expresión del anterior.

Lugares del final del relato. Pasada la espera, los lugares del frente . Brunete, el Jarama, la Ciudad Universitaria. (Aquí, los relatos abandonan la descripción, y el tempo de la espera).

Otros. En 1937, a instancias de Palmiro Togliatti, se crean los "campos de reeducación". " Uno de los más sórdidos fue el del Júcar, a unos 40 kilometros de Albacete (...) Otros brigadistas fueron encerrados en las prisiones de Albacete, Murcia, Valencia y Barcelona ".

Por último aparece un escenario insólito, al regreso. Es el de los brigadistas apátridas. Alemanes, austríacos, ucranianos, rutenos, checos... No hay un lugar de regreso. El escenario se hace ahora indefinido, innombrable. Un paisaje indecible cubre entonces el final de la narración, su desenlace.