viernes, 8 de junio de 2018

El mapa de Ptolomeo




No conservamos ninguno de los mapas originales de la Geografía de Ptolomeo.

La edición de los libros del erudito alejandrino debió de efectuarse hacia al año 150 d.C. . Sabemos que la obra estaba dividida en tres partes, repartidas en 8 libros, de las cuales la tercera incluía 27 mapas del mundo conocido. La Geografía fue casi olvidada durante toda la Edad Media , hasta su redescubrimiento a partir de copias bizantinas en torno al año 1300. A partir de ese momento, y hasta el Renacimiento tardío, fue una de las obras antiguas más profusamente editadas en la Europa clasicista de la época.

Los mapas que acompañaban las nuevas ediciones eran interpretaciones del original helenístico. En ellos se remedaba la inclusión de " más de cinco mil lugares de la ecumene clásica ". Comenzaron a acompañar la edición del libro a partir de las copias realizadas en Bizancio en el siglo XIII. En los mismos se reproducía la noción del mundo conocido- la oikoumene - tal como se había entendido en su momento.



El geógrafo griego habría recogido la geografía helenística anterior, de autores como Herodoto,  Estrabón, o Marco Agrippa. En ella se establecían dos zonas inhóspitas: los Polos y el Ecuador, por sus temperaturas extremas. El hemisferio norte era la única zona habitable - y conocida. El Atlas de Ptolomeo, situaba el centro del mundo en Oriente Medio - el lugar del Paraíso , según la versión de la Biblia -  e incluía dos mares cerrados: el Mediterráneo y el Océano Índico ( Indicum Pelagus), el cual llegaba en su límite hasta el mar de la China ( Magnus Sinus). Y además los grandes lugares geográficos del mundo accesible: Europa, Oriente Medio, India, Sri Lanka ( Taprobane ), el sureste asiático ( Aurea Quersonesus) y la China ( Sinae). Era el mundo tal como en la antigüedad, y hasta la época de las grandes expediciones españolas y portuguesas, se conocería.



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Los lugares que el mapa no alcanza, los territorios desconocidos son, de alguna forma, los lugares mágicos, a los que no arriba el reino de la Necesidad, las férreas leyes de lo cotidiano. En su descripción - hipotética, imprecisa ciertamente - el mapa se convierte en el escenario de la imaginación. De la maravilla, en algunos casos. De la poesía de lo intemporal, en otros.

El primer mapa conocido, según una tradición de estudios semíticos, es la representación del mapa babilónico del mundo tallado en piedra, cuya datación se ha fijado en torno al año 500 a.C. - aunque según otros debe de tratarse de una copia de un original perdido, por lo menos dos siglos anterior.  (La noción del mapa sin embargo no era extraña ya tiempo antes a la cultura egipcia. En alguna historia de la cartografía se nos advierte que " la idea de mapas ( en Egipto) como guías de los viajeros era, claramente, de uso común debido a que en los sarcófagos se colocaban mapas de las regiones infernales para que sirvieran de guía a los difuntos").

El mapa de Babilonia consta de dos círculos interiores, con siete áreas triangulares dibujadas alrededor. Según la tradición mesopotámica el mundo es un vasto plato plano, con un gran río que lo divide en dos partes. Más allá hay un océano oscuro, indefinible. El círculo interior del mapa señalaba el continente central, con Babilonia en el centro. Lo rodean los pueblos inmediatos: Asiria, Urartu  ( Armenia) y Habban (Yemen). La representación corresponde ciertamente a la representación de sí mismos que se hacían  los pueblos del Eúfrates. Y a partir de ella del mundo exterior. El océano lo rodea.

Alrededor, las "islas": los lugares apenas entrevistos, que según otra interpretación, conectaban la tierra con el cielo. Hay siete islas. Unas inscripciones las nombran como:

"islas"
" lugar del sol naciente"
" El sol está escondido y nada se puede ver"
" Más allá del vuelo de los pájaros".

No se conservan más inscripciones.

Este esquema antiquísimo, que recoge la figura del centro y la periferia en forma de islas u océanos impenetrables, se mantendría hasta mucho tiempo después. Al Idrisi , el geógrafo ceutí, había dibujado en el siglo XII un mundo circular rodeado por el Océano, cuyo centro era La Meca. Es curiosamente el que aparecía en los populares mapas " Ch´onhado" de la dinastía coreana Chosun. hacia los siglos XVI y XVII.

En los mapas Ch´ondado - " todo debajo del cielo" - figuran un círculo central, la península coreana y los países inmediatos,  una ínsula rodeada por un océano circular y 57 islas alrededor: un anillo exterior marcado con 55 lugares de ficción.

" La estructura de los antiguos mapas coreanos consiste en un continente interno con nombres de lugares históricos, un mar interno con nombres conectados con las descripciones taoístas de la inmortalidad y un continente externo, con un mar exterior". Los lugares de ficción, los territorios imaginarios se encontraban, de nuevo, en las islas:  más allá de lo conocido.

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El mapa interpretado, frente a los actuales mapas mensurables.

Ya Plutarco relataba cómo "... en los mapas, los historiadores, relegando a las partes más extremas de sus tablillas cuanto escapa a su conocimiento, escriben a modo de excusa anotaciones como " lo de más allá dunas áridas y plagadas de fieras", o "sombríos pantanos" o "hielo de Escitia" o " mar helado...". Según otra tradición, narrada por Herodoto, Aristagora, rey de Mileto habría enseñado ya a Cleomene, rey de Esparta , una tabla de bronce en la que estaba inscrito " el entero contorno de la Tierra con todos sus mares y sus ríos". Hacia el Septentrión, más allá de Tracia,  una zona sin dibujar revelaba el desconocimiento de aquellas regiones frías y oscuras, adonde, según otros relatos, habitaban los hiperbóreos. Una isla, de nuevo, era la única marca inmediata de un territorio inaccesible.

"Los argonautas arribaron a la isla desierta de Timias, donde se les apareció Apolo, que iba de camino hacia la tierra de los hiperbóreos" , cuenta en algún lugar de su Biblioteca el erudito Apolodoro.

Interesados sólo en la navegación los más antiguos periplos griegos señalaban únicamente el dibujo de las costas cercanas, los puntos de agua, los puertos accesibles y los accidentes a tener en cuenta. Otra antigua tradición nos cuenta cómo en los mapas romanos representaban " además de límites y pueblos, montañas, ríos, ciénagas y caminos".

Durante siglos las cartas náuticas - o cartas portulanas -  serán utilizadas para la navegación por el Mediterráneo. Poseen una finalidad inmediata. Pero en otro lugar se nos advierte de la inclusión de  "elementos ya presentes en las cartas medievales: figuras de soberanos, por ejemplo en África, que bien pudieran evocar al legendario  Preste Juan, o elementos del mundo natural, como una morsa con aspecto de elefante  junto a Groenlandia ".





Siglos más tarde, el conocido Mapa de Hereford -  hacia el año 1300 aproximadamente, atribuido a Richard de Haldingham, " prebendado de Lafford" - incluía el mismo "territorio interpretado" que Plutarco había anotado en relación a los historiadores antiguos.

El mapa, con la estructura clásica de T en O - mapa Orbis Terrarum - recogía la tradición teológica del orbe dividido en tres partes: Europa, Asia y África, con el eje central en el Mediterráneo. La inspiración para el dibujo del mundo conocido debía en ese momento más a la lectura de San Isidoro  y su erudición clásica que a las supuestas noticias de los viajes inmediatos.  Era el recuerdo del mundo tal como éste había sucedido a la muerte de Noé, el primer patriarca. Y la diáspora de sus hijos: Sem, Cam y Jafet por los tres continentes. Jerusalén, la ciudad sagrada, estaba en el centro.

En una descripción posterior del mapa de la catedral de Hereford se nos dice que está compuesto de:

" 1. Monumentos clásicos, tales como los faros de Alejandría y de Persona, altares que marcan los límites de las conquistas de Alejandro y otros temas de los romances alejandrinos.

2. Los mitos y lugares de Plinio y Solino en gran parte dibujados.

3. Incidentes y lugares que figuran en la Biblia: Adán, Eva y la serpiente en el Edén, el arca de Noé sobre el monte Ararat, la cuna en Belén y muchos otros.

4. Personas y lugares contemporáneos y semicontemporáneos: el hombre usando raquetas para caminar en la nieve, los recién fortificados lugares en Gales y el sur de Francia, etapas en la ruta de peregrinación a Compostela ..". En algún lugar del pergamino aparecía de igual manera un dibujo del laberinto de Creta, Teseo y el Minotauro.

En la parte superior del mapa, figuraba el Pantocrátor - el Todopoderoso o El que sustenta el mundo -  dominando el orbe. Bajo Él, una isla, redonda, que representaba el Paraíso Terrenal.

El mapa se resiste a la indiferencia, a la igualdad del espacio representado. En la tradición de la lectura alegórica de Lo Creado, el territorio aparece lleno de marcas, de signos que remiten a un otro lugar; de un texto que nombra, siempre, otro texto, el Orden que da sentido al lugar. Según una larguísima costumbre hermenéutica. Que recogería siglos más tarde el poeta William Blake cuando afirmaba que : "El mundo de la imaginación es el mundo de la Eternidad (...) Existen en ese mundo eterno las realidades eternas de todas las cosas, que vemos reflejadas en el espejo vegetal de la Naturaleza".



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El reino de la Necesidad se encuentra en lo cercano, en los días cotidianos. Los lugares que escapan al lugar de lo necesario se sitúan, obligatoriamente, más allá. Hasta los primeros viajes de Colón el lugar de lo prodigioso está en Oriente.

" El Paraíso - nos comentaba San Isidoro en sus Etimologías - es un lugar que se encuentra en la parte oriental de Asia. Su nombre es de origen griego y se traduce en latín por "hortus", que significa "jardín"; en hebreo es llamado "Edén" que en nuestra lengua significa "delicias".

Una conocida acepción etimológica por otra parte nos recuerda que el término "paraíso" proviene del antiguo persa pardeeza, que significa "jardín".

La distancia inabarcable, un cerco de fuego, una espada incandescente o unos querubines, nos advierte el arzobispo de Sevilla, guardan el lugar.

En otros lugares - al norte, necesariamente - el Paraíso se situaba más allá de Irlanda, " una tierra de niebla y penumbra (...) más allá de la cual se encuentra el mar de la muerte " , en la descripción homérica  en el oscuro océano más allá de la isla. "  Los celtas siempre representaron el otro mundo y el más allá maravilloso de los navegantes irlandeses en forma de islas localizadas al oeste -  al norte - del mundo ".

En algún tratado - una historia de las religiones precristianas - se  describe " la retirada de los últimos dioses a sus moradas inmortales, como las remotas islas". Como en el santuario de la isla de Lein - Enez Sisun - " en el límite occidental de las tierras de los vivos, frente a la feliz llanura donde sobreviven los muertos". O cómo el rey Tehtra, jefe de los Fomoré, vencido en la batalla de Mag-Tured, que se convierte en rey de los muertos, " en la región misteriosa que habitan más allá del océano" - relataba D´Arbois de Jubainville en otro lugar.





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El mapa recoge la incertidumbre, asimismo. " Más allá del mar de las tinieblas nadie sabe lo que existe" había afirmado en 1154 el gran geógrafo árabe Al Idrisi. Recogiendo una tradición que aparecía ya en San Isidoro: " La anchura del océano es infranqueable para los hombres e inaccesibles los mundos que están más allá", había afirmado en sus Etymologiae. " ( " No existe nada más allá de Irlanda", había definido ya el geógrafo Estrabón los límites).

 El océano remoto: "mar pedregoso" o " mar verde de la melancolía" como es definido a veces en la terminología medieval... Los mapas dibujan a veces el vacío, la ausencia. En la proyección acimutal del Nuevo Atlas de Johannes Jansonius en 1638 aparecían los límites de las nuevas tierras descubiertas por los europeos en la época,  junto con los contornos indeterminados, como en esbozo, de un continente fantasmal: la Terra Australis Incognita - que por otra parte se había de mantener en los mapas hasta los viajes por los mares del sur del célebre capitán Cook, por lo menos. Los mapas coloniales del siglo solían marcar los territorios en blanco con la indicación; terra nullius; tierra de nadie.

El territorio de lo desconocido y lo impreciso es de nuevo el lugar que escapa a la Necesidad. Una literatura frecuente sueña con las antípodas, después  de que la leyenda de El Dorado hubiera revelado su inanidad última en las tierras del Orinoco, la Nueva España.

" En los lugares opuestos, como en los espejos, es donde se invierten las imágenes, donde las cosas suceden al revés, lo que explica por qué la Terra Australis fuera entendida como una suerte de Tierra Prometida".

Pero en otro lugar, en nuestro siglo, el poeta D´Arcy Crosswell nos advertía, describiendo su isla- Nueva Zelanda-, el perfecto lugar  de las antípodas:

¡ Despierta ! Y descubre esta costa familiar,
Y este infierno aún peor que desde lo hondo acecha.
Otra tierra no hay, ni rescate posible.



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viernes, 11 de mayo de 2018

Autores de la Biblioteca de Estudios Orientales





Anales de Autores Raros en la Biblioteca Histórica.  

Instituto de Estudios Orientales de Coimbra.


Un apócrifo

“ Cargado de optimismo, contemplo el futuro. Mis obras serán celebradas al final. Terminaré mi historia del reino de K´iang y seré reconocido por ello. Mis poemas conseguirán la aprobación de la Corte Imperial; podré codearme entonces con los que ahora rodean al Emperador y sus ministros. El editor real publicará mis obras, y éstas se sucederán, pleno el caudal de mi inventiva.

Hasta ahora no he conseguido terminar ninguna. Tengo ya treinta y siete años. Mis versos reposan en cajones polvorientos. Nadie accedió nunca a publicarlos. Comencé hace muchas lunas a redactar una historia del Reino, pero diversas distracciones me han impedido continuar. Otros manuscritos duermen en mi humilde vivienda, también inacabados. Hasta ahora no he conseguido finalizar ninguno. 

Pero hoy, contemplo el futuro con un intachable optimismo. He tomado el té de la tarde y éste fue bueno. Su calor me ha reconfortado”.

-       -  Yu-Po, poeta japonés del s. XVIII .


Han- Li

“ Esmerado Han-Yu, más claro que la luna nueva. Te envíe unos versos que el amor me dictó. Semanas dediqué a su composición. La noche en Kyoto me acompañaba, y nunca comencé a elaborarlos sin haber celebrado antes la ceremonia del té, que da claridad y purifica al que en ella se sumerge. Inmaculadas fueron las plumas, intachable el papel de arroz en el que los compuse. Mis vestidos eran de los antepasados, mi corazón un cristal limpio como las hojas del té.

Ahora me entero de que tú a tu vez se los has enviado al joven Wan-Li, el protegido de la corte, como tuyos. Maldito seas mil veces, Hang Yu.”

-                -  Del exquisito Han Li, s. XIV.


Al Yakub


“Toda la noche estuve intentando huir de la ceremonia. Me abrumaban con sus risas esos imbéciles. Tuve que festejar a la hija del alcaide, que se acaba de casar: una gordinflona que sólo piensa en comer. Las despedidas se prolongaban. Trajeron manjares nuevos y los cortesanos no cesaban de beber. No sabía cómo huir a mi casa: todo el rato intentaba recordar los magníficos versos que a la tarde había comenzado a escribir. Por fin, a riesgo de desairarlos – y sólo Alá sabe cuán irritable es el alcaide - pude partir del alcázar, a entregarme a las más elevadas tareas de la poesía.

He llegado a casa. Descansado y en silencio me he enfrentado a los tropos de mi elevada elegía. 

No puedo escribir una sola línea. Me siento pesado, ahíto, torpe y obtuso. Maldita sea esa vaca”.


-      Del Viaje al país de los Garamantes, Al-Yakub,  s.XVI.



Un discípulo de Omar


“ Las mujeres me desprecian. Hace meses que no yazgo con ninguna. Soy torpe y, ciertamente, tartamudeo cuando me acerco a ellas. Vivo en la pobreza y mis vestidos están raídos. He intentado seducirlas por medio de la poesía, tal como nos cuenta hacía Ibrahim Hayamm con sus célebres Rubbaiyat. Sólo Alá sabe cuán malos son mis versos. “


-         -  De la Antología de autores persas contemporáneos, Esmirna, 1920.


Frank Mc Calley

Poeta norteamericano. Viajó a la India, en compañía de Gregory Corso.

Su vida se mueve en torno al Greenwich Village de NY, donde publicó en colaboración con el grupo de literatos Letter & New Concept.

Fallece muy joven, en 1981. Su obra ha sido recogida en la antología de P. Beardsley “The Tradition of the New”.

No más círculos en torno a una sombra.
Phillip ha fallecido ayer
En espiral de mierda
Y polvo acumulado en los sótanos de Waverly Place.
La sombra y la vena crecen juntas.
Las puertas, las puertas.

-         -   De The Beat Vision  of Oriental Zen,   Georgetown, 1984.



Mushio Seko

“He sido rechazado de tus salones, oh noble Yamato San. Tus servidores dijeron que no me mantenía en pie, no podía apenas hablar y que no se entendían mis versos. En la ceremonia los monjes de tu palacio fueron recompensados con un vestido de seda cada uno y al miserable poeta Tasho le fue entregada una diadema de coral, según me han relatado luego. 

No podrías al menos enviarme algo de sake, que no pude terminar de beber, noble Yamato”.

-           -      Mushio Seko, s. XVII .


Noticias de Isfahan

“ Esta mañana recibí el correo. Lo trajo, como siempre el torpe Mohammed al´rabsi. Con su aliento a ajo pasado me entregó tres misivas. La primera de la Imprenta Real, la segunda de mi secretario en Isfahan, la tercera de Zuleima.

La primera carta me notifica que han desistido en la tarea de editar mi Diwan. Me ensalzan y halagan y aseguran no estar preparados para tan magna empresa. Sólo la mano de Ali Yusuf me había ayudado en la corte. Caído él en desgracia ahora será imposible editar mi delicada obra y mi efímero nombre desaparecerá para siempre.

En la segunda misiva B´n Jalif, mi secretario, me comunica con grandes rodeos la pérdida de una caravana a manos de unos bandidos seléucidas u osmanlíes. En ella viajaban los escasos restos de mi fortuna. Tendré que vivir en la pobreza en adelante, adivino. Por alguna razón, intuyo que B´n Jalif estaba en connivencia con los bandidos.

En la tercera Zuleima me anuncia su inmediato viaje a Córdoba. Parte junto al consejero del emir, Abd el Ifar, hombre que ha alcanzado un cierto éxito en la corte. Su carta continúa con insultos, al cabo de los cuales proclama su alegría en dejarme y me tilda de provinciano arruinado ( ¿ cómo habrá podido enterarse?) entre otras preciosas observaciones.

Estas razones eran ya excesivas. Cualquiera de las dos primeras cartas me servía “.


-          -     Del Libro de suicidas y tristes, Bagdad, siglo XVI.


Tomás Cepeda

Oscuro poeta, de su vida apenas se tienen noticias. Debió de viajar algo en su juventud, incluida una visita a Palmira que hubo de dejarle una honda huella.

Vivió el resto de sus días y publicó su escasa obra en la ciudad de Medina del Campo, donde ocupaba un cargo de funcionario local al parecer. Muere en 1957.

Sobre la yerta llanura de Medina
Flotan distantes fantasmas, 
Las termas y los capiteles rotos
Que hubiste de sorprender una mañana lluviosa
en Palmira, ciudad de los nabateos,
mientras aquí en Castilla se abate un sol cegador.

-          - De Tomás Cepeda   Las ruinas de Palmira.   Medina del Campo, 1954.



viernes, 13 de abril de 2018

El tiempo suspendido







De entre todos los relatos en los que aparece el tema del tiempo mágico quizás el más conocido sea el Cuento XI del libro del Infante Don Juan Manuel, el Conde Lucanor, titulado"Lo que sucedió a un deán de Santiago con don Illán, el mago de Toledo ". Tanto en su versión primera como en la no menos conocida reelaboración de Jorge Luis Borges - El brujo postergado-  en su Historia Universal de la Infamia.

El relato - o exempla- viene a contar, resumidamente, que:

" Cuentan que en otro tiempo habitaba en Toledo, un sabio experto en todas las artes, llamado Don Yllán, cuya fama se extendió hasta muy lejos.

Una noche se encontraba en su alcoba leyendo unos antiguos infolios. Esperaba la cena, unas perdices que su sirviente había preparado, cuando oyó que alguien llamaba a la entrada. Don Yllán no aguardaba a nadie pero cortésmente indicó al criado que abriera la puerta.

El invitado se presentó. Se trataba, dijo, del deán de la catedral de Santiago, que había escuchado acerca de la sabiduría del primero en las artes mágicas y había viajado hasta la ciudad de Toledo. Venía a expresarle el deseo de convertirse en su discípulo para aprenderlas.

Don Yllán le escuchó atentamente y contestó al cabo:

-    Os he oído. Una objeción tengo que haceros. Y es que temo que después de haber aprendido la ciencia os olvidéis de quien os la ha enseñado y no sepáis recompensarle. La ingratitud es una virtud frecuente.

El deán de Toledo replicó con encendidas protestas y expuso al sabio el sincero anhelo de convertirse en su aprendiz, argumentando que sabría galardonar con creces a quien tanto le había de revelar.

-   Bien, sea entonces - repuso Don Yllán.

Y haciéndole un gesto le invitó a que bajara a su cámara privada, donde podría mostrarle las artes mágicas.

Antes de descender al gabinete indicó al criado que guardara la cena que había empezado a preparar.

Entonces comenzaron a bajar por una escalera oscura que al deán le pareció interminable. Descendieron innumerables escalones, tantos que parecía no iban a acabar nunca. En algún momento creyó escuchar el rumor del Tajo por encima de ellos.

Por fin alcanzaron la cámara, amplia y repleta de libros y dibujos indescifrables, y don Yllán comenzó a instruir a su solicitante. 

Se hallaban los dos en el vasto gabinete cuando llegaron unos mandaderos de la catedral de Santiago. Traían cartas que decían que el arcediano de la iglesia había fallecido y proponían al deán para que ocupara su puesto. Don Yllán le pidió entonces al deán el anterior cargo para un sobrino suyo.

-      No puedo acceder, puesto que se lo he prometido a un mi cuñado. Pero acompañadme a Santiago que allí os recompensaré con un cargo mejor.

Don Yllán asintió. Partieron ambos a Santiago.

Al cabo del tiempo llegaron unos nuevos mandaderos para el arcediano. Había fallecido el obispo de Astorga y proponían a éste para que ocupara el obispado.

Don Yllán le pidió entonces el cargo de arcediano vacante para su sobrino.

-      Esta vez no os lo puedo conceder, puesto que un pariente mío estaba ya señalado para el mismo. Pero venid conmigo a Astorga, donde os sabré favorecer.

Don Yllán, aunque a regañadientes, accedió de nuevo y partió con el reciente obispo hacia su nueva sede.

Después de un tiempo llegaron otros mensajeros. Había fallecido el cardenal de Tolosa y proponían al obispo para que ocupara la cátedra. Tras un breve discurso, éste aceptó.

Don Yllán le solicitó entonces el obispado que había quedado vacante para su sobrino. Pero el nuevo cardenal dijo que no se lo podía conceder, puesto que se lo había otorgado ya a un favorecido suyo. Que le acompañara a su reciente sede, que allí le favorecería.

El sabio no tuvo más remedio que partir con el nuevo cardenal hacia Tolosa.

Se encontraban allí cuando llegó a todos la noticia de la muerte del Papa en Roma. Don Yllán se dispuso a acompañar al cardenal para la celebración del cónclave en la Ciudad Santa. Después de las acostumbradas deliberaciones en la Capilla, el antiguo deán resultó elegido para el papado. Tras felicitarlo, Don Yllán le solicitó el cargo de cardenal que había quedado vacante.

El nuevo Papa montó entonces en cólera y le repuso a Don Yllán que bien sabía él que era brujo y nigromante y que ejercía las artes mágicas en su ciudad de Toledo. Que no le apremiara más, objetó, que si no le haría prender por astrólogo y mago, y que regresara a Toledo con bien, pues si no lo habría de lamentar.

-      Pues por lo menos dadme algo de comer para el regreso – arguyó Don Yllán.

El Papa se lo negó.

-      Pues entonces tendré que cenar las perdices que había preparado para esta noche.

Al punto se encontraron de nuevo en la entrada de la casa de Don Yllán, en la misma alcoba donde el deán había solicitado al sabio el aprendizaje de las ciencias mágicas. El deán, de pronto abochornado, se despidió del sabio, que lo acompañó con cortesía a la puerta y lo dejó marchar con un distante saludo.

No le invitó a cenar. Las perdices, que el criado trajo a la sala, estaban todavía calientes. "


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El relato del mago don Yllán se inscribe en una larga tradición en torno al tema del "tiempo suspendido". Curiosamente no existe unanimidad en la crítica acerca del origen del apólogo del Libro de los Enxiemplos del Conde Lucanor et de Patronio. Marcelino Menéndez y Pelayo apunta que el cuento se encontraba en una recopilación árabe de relatos - de origen en la tradición persa e incluso hindú - titulada "Los 40 días y las 40 noches". Otros autores han señalado la influencia de los exempla latinos en el Infante Juan Manuel. O de las fábulas de Esopo. 

En torno a la misma época, un escritor judío, Isaac Ben Salomon ibn Sahula, (n. 1244) poeta y cabalista de la ciudad de Guadalajara, habría publicado en su Mesal Hagadmoni   ( o Cuentos del Anciano) un relato de estructura similar, en donde un joven viaja de Jerusalén a Egipto para aprender las artes mágicas. En el cuento, después haber accedido, gracias al aprendizaje de un maestro del El Cairo y a su propia insolencia, a la corte de Bagdad - llegando a casarse con la hija del Califa - el presuntuoso aprendiz se encontrará de pronto en una profunda cueva, donde descubre, atónito, que el tiempo no ha transcurrido y aún depende de la hospitalidad que el sabio cairota le había otorgado sin preguntar. Y a la que él no había respondido sino con desdén y desmemoria.

En torno a los dos relatos - que apenas difieren en las fechas - se ha señalado en otro lugar la influencia nada menos que de una conocida leyenda japonesa, la del pescador Urashima Taró, al cual le es concedido visitar el palacio del Rey Dragón - Ryugu-Jó - el mítico lugar encantado al fondo del Mar de la China.

Enamorado de la princesa hija del mítico soberano, en la leyenda japonesa se nos decía que " Permanece allí tres días, y al regresar a su aldea descubre que han pasado trescientos años". 

La leyenda, recogida en el Otogizoshi ( siglo XV, período Muromachi) debía de ser, sin embargo, muy anterior, remontándose su origen al siglo VIII por lo menos, en el período Nara.

Otro investigador contemporáneo, David Wacks, sin embargo, señala la ausencia en última instancia de antecedentes de los dos relatos, tanto en el Infante Juan Manuel como en el poeta hebreo, apuntando que sin duda estos habría que buscarlos en la tradición oral de Castilla en esos siglos - en la forma tradicional del folktale o relato popular de la época.

Tradición popular o influencia árabe, el tema del "tiempo mágico" había aparecido casi un siglo antes en la conocida figura del noble Ero de Armenteira, recogida en las Cantigas de Santa María del rey Alfonso el Sabio.

En la cantiga CIII se nos relataba cómo Ero, un noble gallego:

" Tuvo cierta noche un sueño en el que la Virgen les decía tanto a él como a su mujer que fundasen un monasterio ".

" Durante su larga estancia en el monasterio el abad [ Ero ] se preguntaba a menudo cómo sería el Paraíso y le rogaba encarecidamente a la Virgen que le dejara verlo. Así pues un día, paseando por los bosques cercanos al monasterio quedó cautivado por el cantar de un mirlo y se sentó bajo un árbol a escucharlo. Entró en un profundo trance en el que pasó trescientos años y al regresar al monasterio preguntó por los monjes y nadie pudo contestarle. Entendió lo ocurrido y falleció en ese instante a los pies de los nuevos monjes".

El tema del tiempo suspendido señala la irrupción del tiempo mágico en esta otra parte. Su acceso tiene lugar, de pronto, por medio de un encantamiento. O, reiteradamente, por la suspensión que se produce al oír el canto de un pájaro. El universo se abre entonces al tiempo en suspenso. Lejos de la cotidiana condena al tiempo breve, incesante y sujeto a la triste Necesidad de este lugar.

No era casual la relación, en la conocida Cantiga, de la suspensión del tiempo con la noción del Paraíso - pues que tal es, por un instante, su relación con la otra parte.

" Como Santa María fez estar o monje trezentos anos ao canto do passara,
porque lle pedia que lle mostrasse qual era
o ben que avian os que eran en Paraíso ".

Ni casual el acceso al otro lado en el canto del pájaro. En Las Metamorfosis ya Ovidio relataba cómo al canto de Orfeo se producía la suspensión de la Necesidad.

" Al que tal decía y sus nervios al son de sus palabras movía
exangües le lloraban las ánimas, y Tántalo no siguió buscando, la onda rehuía, y atónita quedó la rueda de Ixión,
ni desgarraron el hígado las aves , y de sus arcas libraron
las Bélides, y en tu roca, Sísifo, tú te sentaste ".

El tiempo mágico aparece ya tempranamente en la leyenda de los Durmientes de Éfeso,  ( s.III ) los jóvenes cristianos que se enterraron en la cueva del monte Anquilo durante la persecución del emperador Decio. Para reaparecer, de nuevo despiertos, siglo y medio después, en el reinado de Teodosio. ( El motivo, por otra parte, ya había surgido en el paganismo clásico, en la Physica de Aristoteles, como los durmientes de Sardes)

La Sura XVIII del Corán recogía la leyenda de origen sirio

" 19. Y entonces les despertamos para que hicieran preguntas.
Dijo uno de ellos: ¿Cuánto tiempo habéis estado?
Dijeron: hemos estado un día  o parte de un día. 

25. Habían estado en la caverna trescientos años y nueve más ".

Un instante y la sucesión se detiene, permitiendo, azarosamente, el acceso a la suspensión del tiempo de la otra parte.

En Castilla un inolvidable romance tradicional - perteneciente al ciclo de los antiguos romances líricos - nombraba, un instante, el acceso a la otra parte. Al que, apenas enunciado, nunca llegamos a alcanzar.

El suceso tenía lugar en el día de San Juan - la noche en la que todo prodigio tiene lugar - y en él como es sabido el infante Arnaldos accede a escuchar el enigmático canto proveniente de una nave que

La mar ponía en calma,
los vientos hace amainar; 
los peces que andan al hondo
arriba los hace andar; 
las aves que van volando
al mástil viene posar (...)

Nunca se repetirá el mágico canto, destinado " a quien conmigo va". La noción de un otro lado culmina entonces, sin que su acceso nos sea concedido de nuevo jamás.

La música, el canto del mirlo -según la repetida tradición - suspenden al oyente. Lo escucha el monje Yves, de Bretaña. El joven Sion ap Shenkin, en Gales. Los guerreros Manawyddan y Pryden en un relato del Mabinogion ...

O el héroe Oisin en Irlanda, la isla extrema , - " Una tierra de niebla y penumbra (...) más allá de cual se encuentra el mar de la muerte" en la descripción homérica - lugar en el que, según revelaba el poeta W.B. Yeats , " en los tiempos pasados ... veíamos dioses en todas partes".

" Oisin, recién llegado de sus trescientos años en el país de las hadas, y del amor que allí existe, ruega a san Patricio que deje sus oraciones por un momento y escuche al mirlo, porque es el mirlo de Derrycarn que Fina trajo de Noruega trescientos años antes, colocando su nido en el roble con sus propias manos".






El mapa de Ptolomeo

No conservamos ninguno de los mapas originales de la Geografía de Ptolomeo. La edición de los libros del erudito alejandrino debió de...

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