viernes, 18 de agosto de 2017

el viaje a Estambul


             
                                                                  ( fot. Ángeles San José )


                               ( Del  Viaje a Estambul  de Eugenio de Andrada,  Guarda, 2007 )


" En un libro de Erwin Rhode - Psyche , que estoy consultando estos días para preparar una nueva edición  - encuentro, entre otras, una cita fascinante.

"Circe - se nos cuenta - les da a todos la inmortalidad, después de lo cual Penélope pasa a vivir con Telégono como esposa suya, en la isla de Eea, ( perdida según hay que suponer, en los confines del mar)".

Es esta naturalidad con la que se sabe, ciertamente, que la isla está perdida en los confines del océano la que me fascina. Al instante reconocemos que ya lo sabíamos.

Su noción precisa, la exacta ubicación. El lugar remoto de las ínsulas extrañas y los valles solitarios nemorosos.

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Viajando en agosto por Turquía. Los nombres de una geografía exacta desde Homero:

" Los Campos Elíseos, en los confines de la tierra".

" La isla de Siria, patria de la juventud de Eumeo, en la que vive un pueblo rico en rebaños, en viñedos y en trigales".

" A quien se pregunte dónde queda esta isla venturosa, el poeta le contesta: Sobre Ortigia, donde el sol hace su vuelta" .

" Un lugar situado más allá que los feacios, que el país de los etíopes, amados de los dioses, o el de los abios, en el norte, de cuya existencia ya sabe la Ilíada ".

" este país campesino de la Beocia, retirado del mundo".

" El poeta llama a este lugar las islas de los bienaventurados y las sitúa lejos del mundo de los hombres, en el Océano, más allá de los confines de la tierra".

" surcando el Océano, pasa la nave de Odiseo al pueblo de los cimerios, que jamás ve el sol, y alcanza las negras costas y las praderas y el bosque de álamos negros de Perséfona".






O en un mapa antiguo de Bizancio - que compro en un cuchitril del barrio de Gálata - los nombres de la poesía : las regiones de Isauria, Caldia, Vaspurakán, las Puertas Cilicias... Las ciudades de Alepo, Odesos, Samosata, Larisia. El reino de Trebisonda, último reducto del Imperio, cuando ya todo había caído.


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Paseando por Ortakoy recuerdo una descripción de A., el profesor de antropología, a su regreso este invierno de Estambul, adonde había estado unas semanas de tormentas. Él había leído antes el libro de Pamuk sobre la ciudad, nos lo había descrito minuciosamente y su relato no sabíamos lo que tenía en realidad de lo vivido esos días o de la recreación de las notas de aquél.

Daba igual , porque llovía todas las tardes y había pasado muchas horas leyendo en un café sobre el Bósforo. Daban un té excelente y nadie parecía tener prisa, cuenta. La ciudad esta vez era el libro, también. Le pregunto por las villas otomanas de la otra orilla, las antiguas casas de madera en la costa de Asia y me las describe perfectamente. No sé si ha estado, pero qué importa. "



                         -  Eugenio de Andrada   Viaje a Estambul      Cuadernos de Guarda, 2007.




jueves, 10 de agosto de 2017

noticias de Santa Sofía






                                                    ( Del "Viaje a Estambul " de Eugenio de Andrada, Guarda, 2007 )


" Un barco griego regresa, entre el acoso turco, al estrecho del Cuerno de Oro. A pesar del asedio, consigue abrir la cadena de la Torre de Gálata, penetra en el abrigo del puerto. Trae malas nuevas para la ciudad. No hay ninguna escuadra, ni veneciana, papal o genovesa a la espera, y en ningún lugar, ni en la costa ni en las islas, se tienen noticia de aquella. Constantinopla no puede esperar ninguna ayuda ya. La galera regresa para comunicar la noticia y participar, junto a los últimos romanos, de su suerte.

Hasta el último momento, los griegos esperan un milagro. Los turcos han entrado ya en la ciudad y su bandera ondea en el palacio de Blaquernas. En el monasterio de Chora, una imagen de San Salvador protegía el lado externo de la muralla teodosiana. Sería inexpugnable, contaban. Pero la muralla ya ha caído. Cuentan que el Emperador ha muerto. Otros dicen que regresará más tarde. Más adelante, cuando los musulmanes partan. Las mujeres, los niños, los ancianos, se refugian en la basílica de Santa Sofía. Se dice que cuando los infieles lleguen hasta allí un ángel, enviado de Nuestra Señora, los fulminará con el rayo flamígero y los otomanos serán expulsados más allá de Anatolia. Pero ahora los jenízaros han entrado en el templo y comienzan a saquear la iglesia, esclavizan a los griegos, arrastran a los sacerdotes. 

Una última leyenda cuenta que en el momento de entrar los turcos el sacerdote estaba oficiando la Consagración. En ese instante se abrió un muro y el oficiante desapareció en él, junto a la Sagrada Forma. Cuando Santa Sofía vuelva a ser el templo de la cristiandad reaparecerá, para terminar la ceremonia.

Un último instante, siempre. En la espera del milagro siempre hay un momento más, un tiempo que no queda clausurado. En su tensa espera, en qué momento ignorado ocurre al fin el milagro, se consuma el tiempo. "


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           -      Eugenio de Andrada        Viaje a Estambul      ed. Cuadernos de Guarda, 2007.  pg. 37- ss.