martes, 13 de marzo de 2012

El torero Frasquito






" El hombre es semejante a un soplo; sus días son como una sombra que pasa "
      -     Salmos,     144 : 4.


El encuentro, según las versiones, tiene distintos protagonistas. En una, es la tertulia del crítico Vicente Zabala que, recorriendo diversos escenarios, llega una mañana a la cafetería Fuyma, en la esquina del Palacio de la Prensa. En otra, es Benjamín Bentura, periodista aragonés, anteriormente destinado en la Prensa del Movimiento, quien ahora regresa a Madrid de tarde en tarde y un día, en compañía de unos amigos, se acerca a la Gran Vía, en donde entran al café.

El  escenario en cualquier caso es el mismo. Fuyma, una cafetería frente a la Plaza del Callao, donde por  las tardes se reúne un público menestral y provinciano, que se enorgullece, vestido con trajes que nunca estuvieron de moda, de sentarse en la Avenida, - " de José Antonio" en aquellos días - detrás de un amplio ventanal desde donde se divisan la calle y la plaza y el gentío " errante y municipal" que a todas horas recorre la Gran Vía.

El otro protagonista  es un camarero del café, alto y  discreto, que atiende las mesas y escucha en silencio la tertulia en la barra, que necesariamente hablaba de toros. El mozo, vencida su timidez inicial, muestra deseos de presentarse a los que allí conversan, y por fin lo hace. Se presenta como el  torero  Frasquito.

Al  punto los de la  tertulia  callan, entre escépticos y asombrados.  Frasquito era un nombre que aún  perduraba, como un mito, en los años 50. Aunque hacía tiempo que se le había perdido el rastro, no podían reconocerlo, de repente, en este mozo  de barra que les mira entre tímido y expectante y  asegura ser el otrora célebre Francisco  Sánchez, " el  principiante  que empezó de maestro"  según  habían afirmado  las crónicas.

Por fin, entre recortes de prensa y  fotografías ajadas que les muestra el camarero , los de la tertulia  asienten. Aquel mozo es Frasquito, que  ahora sirve las mesas en Fuyma y unos años antes había inventado el  toreo, una tarde de abril en La Maestranza.

Francisco  Sánchez, Frasquito, es uno  de los casos más célebres de la historia  del toreo efímero. Se presentó de novillero en la Maestranza sevillana el 4 de abril de 1948 - aún se cumplían  los fastos de la muerte de Manolete - y los que le vieron torear esa tarde todavía lo recuerdan.

Nunca volvio  a repetirlo. El público, esperanzado, agotaba las localidades al reclamo de "aquel acontecimiento que tuvo lugar el  domingo ". Un año después repitió en Sevilla, con  el cartel  de "No hay billetes" y la crítica comentó que "se declaró ausente en  su  primer novillo" para  añadir a continuación que  " su segundo brindaba al  torero oportunidad para mostrarse el Frasquito de aquella tarde que aún se recuerda".  Aquí  finaliza.

Ese mismo año aún hubo de presentarse, con la plaza llena , en Madrid, en donde  repetiría  su actuación hasta cinco tardes más. En ninguna sucedió nada. Lo más piadoso que se escribe, el último día, es que " Frasquito salvó su precioso terno a costa del menguado  prestigio que tenía ".

No volvió a torear en la Península. Décadas después Vicente  Zabala, en  un artículo a la muerte del torero  aún recordaba la tarde " en que en España no se hablaba más que de Frasquito".

           Vanidad de vanidades, dijo  el  Predicador,  todo es vanidad. (Eclesiastes, 1,2,3  )






- Francisco Sánchez Fernández nació en Toledo  el 10  de marzo de 1927, aunque se crió en Madrid  y siempre se consideró  madrileño.

Se presentó como novillero en un festival en la Maestranza de Sevilla el 9  de diciembre de 1947. Causó buena impresión y  le repitieron  en la Feria,  al año siguiente, la célebre tarde del 4 de abril de 1948, alternando  con  Ángel  Peralta, Rafael  Ortega y Sergio del Castillo.

Algunos críticos lo bautizaron entonces como " la sombra  de Manolete". La orfandad en que había  dejado al país la muerte del cordobés en Linares había sido abrumadora.

Frasquito tuvo dos cornadas graves  esa misma temporada, en las plazas de Córdoba y en la Vista  Alegre  de Bilbao, que le mermaron decisivamente.

Toreó los dos años siguientes en  algunos cosos,  incluido Las Ventas de Madrid, no  logrando en ninguno revivir aquella tarde memorable.

Según el Cossío " Marchó a Mejico en el verano de 1952 y actuó en  aquellas tierras sin conseguir interesar ni dar otro sesgo a su carrera. A principios de 1957 regresó a España,donde vive apartado de toda actividad taurina".

 Aunque algunas biografías afirmen que nunca llegó a  tomar la  alternativa,  el  dato es falso, porque la  recibe en la provinciana plaza de Autlán de la Grana el 5 de octubre de 1955, en un mano  a mano con Alfredo Leal. Se ignora la procedencia de los  toros, de la desconocida ganadería de los Chofres.

Frasquito muere en Mexico D.F. el 24  de febrero de 1993. Una  crónica de Vicente Zabala en el ABC y otra de un crítico del Aplausos recogieron apenas la noticia en su momento.

En  las tauromaquias aún se sigue hablando de " la tarde de Frasquito". También en las tertulias, si bien éstas ya van desapareciendo. 

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